27 de noviembre de 2016

Gilmore Girls: Las cuatro últimas palabras



Con el verano y el otoño las Gilmore nos dicen adiós, supongo que, para siempre, y cierran un circulo maravillo que empezó a forjarse hace dieciséis años. Un número mágico para esta serie, el dieciséis.

Spoilers sobre la serie en general y su final.

El verano comenzaba ligero, con muchos toques de humor y con el musical como fondo, como no podía ser de otra manera con un espectáculo en pueblo. Las apariciones estelares de Sutton Foster y las inseguridades de Lorelai que le hacen perder la calma y querer irse de Stars Hollows, porque es en el otoño donde realmente explota la trama, y nos da sus mejores momentos.

En otoño presenciamos la despedida de Logan y Rory, una importantísima, donde parece que Rory, en un ejercicio de sensatez, deja escapar al amor de su vida otra vez. Parece que nunca ha podido superar lo suyo con el hijo del magnate. A pesar de eso, se da cuenta de que quizá su carrera profesional no tiene que estar ligada al mundo del periodismo. Sino al de la escritura de libros.

26 de noviembre de 2016

Gilmore Girls: invierno y primavera



Cuando llevas tanto tiempo esperando una cosa, las esperanzas puestas en ese producto son casi siempre inversamente proporcionales al resultado final de este. Todos queríamos la vuelta de las Gilmore, y es una vuelta de lo más clásica. Puro Gilmore Girls, con sus secundarios, su estructura intacta, con episodios más largos pero sin grandes alteraciones narrativas, y una trama que se va desenvolviendo poco a poco, al menos en los dos primeros capítulos de esta cortísima temporada.

Spoilers sobre Invierno y Primavera.

Lo más remarcable del primer episodio es ver a Lorelai y a Rori, comprobar como están y que todo sigue intacto. Queríamos ver a Lorelai con Luke y queríamos ver a una Rori más independiente y con menos miedos. También queríamos ver cómo había aceptado Emily la muerte de Richard y si el puzzle encajaba. Y lo hace.

Al final las chicas Gilmore son 3, por mucho que sólo las dos más jóvenes se lleven el crédito en las portadas. Lo que hace que la serie sea un éxito es el factor generacional. Yo, y muchos de los que crecimos con la serie, nos podemos identificar con Rory. Éramos unos adolescentes en los 2000 y ahora hemos pasado por la universidad, cursos y másteres para encontrarnos con un vacío existencial y darnos cuenta que la búsqueda de un trabajo que llene nuestras ambiciones no es nada fácil y que nuestra odisea en lo sentimental es un fracaso, cuando no pasa nada si ocurre en la veintena y sí ya en la treintena.

Lorelai tiene la crisis del nido vacío, y su relación con el amor de su vida está bastante estancada. He visto a una Lorelai mucho menos divertida, sin amistades y viendo como la muerte de su padre le golpeaba mucho más duro de lo que pensaba. Lorelai también tiene una crisis de existencia, quiere tener hijos, saltarse el paso generacional a la edad adulta y Luke le pone los pies en el suelo demasiado rápido.

Interesantísimo el viaje de Emily, que ha perdido la mitad de su vida y debe aceptar su nueva situación. Complicada para alguien que se apoyaba tanto en el otro. Emily no ha sabido perdonar a Lorelai sus errores de la adolescencia y están todavía marcados a flor de piel, no pueden llevar una relación normal. Es una relación disfuncional que, aunque lleve parches, siempre lo será. Y eso es lo que hace al relato tan rico, tan real. Las relaciones personales no se arreglan tras una conversación.

Estos dos primeros episodios sientan las bases de lo que está por venir. El primero te vuelve a presentar al pueblo, sus personajes y su dinámica, pero es verdaderamente con el segundo cuando te dan ganas de ver más. De ponerte el tercero y cuarto, porque quieres saber esas cuatro palabras finales. Y que ningún capullo te las reviente por twitter, y porque sabes que la cosa va a ir a más.

21 de noviembre de 2016

Que veo, que sigo y que me está gustando



Lo sé, el blog está paradísimo. Mis ganas de escribir en él últimamente no surgen y este ha sido el parón más grande en sus casi ocho años de existencia. El mundo del audiovisual cambia y mi dedicación tampoco puede ser tan frecuente, cada vez menos. No obstante, hoy quiero hacer un repaso a todo lo que he ido viendo durante este tiempo y haré unas breviews (al más puro estilo Satrian) sobre las series que he terminado o sigo ahora mismo. Tendrán spoilers, pero puedes ir saltando de una a otra si hubiera alguna que no te interese. Comenzamos.

10 de octubre de 2016

Westworld: Despertar del oscuro letargo



La serie de HBO es la que más va a dar, y está dando, que hablar esta temporada. Su misteriosa atmósfera, la mezcla entre el western y el modernismo y su guion cautivador han hecho de ella un referente para la blogosfera. Si aún no la has visto, o si te apetece saber que opinan los mejores críticos de diferentes blogs, este es tu momento:

Truthkills: El reparto está increíble, es uno de los puntos fuertes de la serie, junto a los diálogos cómo nos tiene acostumbrados Jonathan Nolan, más allá todas las ramificaciones éticas, filosóficas […] Destino, sueños, rutinas y cambios se entremezclan en el ecosistema cerrado y corrupto, donde los humanos dan rienda suelta a sus peores perversiones y los androides sufren el yugo de ser unos muñecos esclavos.

2 de octubre de 2016

El viaje para descubrir lo que somos



La apuesta más fuerte de la temporada en lo que se refiere a series por parte de la NBC es, sin lugar a dudas This is Us, un drama (dramón/dramedia/ejercicio de coaching según el momento) en el que tres personas que comparten cumpleaños se encuentran en tres momentos vitales definitivos en su vida. Cumplen 36 años.

Y supongo que ahora en el siglo XXI cumplir los 36 supone la nueva mayoría de edad o que, simplemente, se es un adulto. Con 36 años una persona debe tener claro de dónde viene y que quiere para el resto de su vida. La serie refleja ese punto de inflexión, ese punto de angustia vital por descubrir quién somos y, sobretodo, a donde nos lleva la vida.

14 de septiembre de 2016

Netflix pasa a ser otro estudio más



Con Netflix todos tuvimos un noviazgo maravilloso. Al principio la relación con el gigante del streaming era pura pasión, House of Cards y Orange is the New Black eran dos soplos de aire fresco en la ficción, y nosotros pensábamos que todo iba a seguir así.

No lo fue, y en un movimiento bastante acertado, la compañía empezó a diversificar contenido y a tener ofertas para otro tipo de público con ficciones que no valían la pena o que, eso, directamente no nos interesaban al tener otro target en el que no estábamos incluidos. Hasta ahí todo bien. Una compañía se debe a sus resultados y, si tiene la suficiente potencia económica, necesita contentar a todos sus clientes, aunque eso nos alejara de la (preconcebida) idea de que seguirían creando series premium.